Informalismo y primeros brotes expresionistas

Carlos Mensa decide ser pintor a raíz de la visión de un cuadro de Giorgio de Chirico que le impresiona fuertemente: "Malinconia di autunno" (1915). En 1960, su trayectoria artística parte de un informalismo inicial que virará rápidamente hacia un lenguaje matérico con una esquemática figuración gestual, de connotación expresionista. Hacia finales de 1962, aparecen sus “Monigotes”: rostros, medios cuerpos que sobresalen a través de duros y chorreantes colores que contribuyen a transferirnos una sensación de ruptura irremediable y frustrada, que pueden entrar, por su belleza, en la mejor antología de la desesperanza.

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